La búsqueda del “sueño argentino” desde la perspectiva de un venezolano en nuestro país

Gustavo Ramírez Pérez es venezolano, piscólogo y, después de pasar por varios países, se radicó en la Argentina. Por qué cree que este es el lugar en el que más cómodos se sienten los refugiados de su pueblo, el valor de la democracia, la cultura del argentino y la esperanza de que su país pueda ponerse de pie.

La migración de venezolanos hacia nuestro país, por la crisis que se vive en el pueblo bolivariano, es cada vez mayor. Gustavo Ramírez Pérez es uno de los tantos que se ha tenido que ir de su tierra en búsqueda, como él lo llama, del “sueño argentino”. En el piso de Eco Medios comentó que “estoy viviendo en Argentina hace dos años. Soy del Estado de Táchira, en la frontera con Colombia”.

Gustavo quien estudió psicología y fue perfeccionándose en distintos países del mundo, contó que el irse de Venezuela tuvo que vivirlo “como un duelo, así como cuando perdés a un familiar querido”. No obstante, apreció que en la Argentina haya “una cultura de recibir al inmigrante. El argentino es cálido, amable y buen amigo. He vivido en otras partes del mundo como Irlanda y el trato no es igual”.

Actualmente, el territorio argentino alberga a más de 200 mil venezolanos y es el cuarto país de Sudamérica en orden de población venezolana migrante. “Tenemos una cultura muy parecida, desde los asados hasta la pasión por el fútbol”, comentó Ramírez Pérez al aire de ‘La Otra Agenda’.

“Viniendo de una dictadura, los venezolanos valoramos la democracia y la posibilidad de expresarse, aunque sea la queja”, soltó junto a Carlos Clérici y habló de la situación laboral: “En toda Buenos Aires hay un problema de trabajo en negro, no es nada más de los refugiados venezolanos. Aprendemos a sentirnos cómodos en la crisis, tal vez por eso conseguimos trabajo, pero no siento que haya explotación”.

Por último, comentó con esperanza que “a tres meses de la asunción de Juan Guaidó, Venezuela tiene otra legitimidad. Su figura unió a muchos venezolanos. Hay que tener perspectiva histórica, la vida de una persona es muy corta comparada con la de un país”.

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