Axel Kicillof en la apertura de sesiones bonaerense

El gobernador habló de la herencia y del futuro.

Axel Kicillof, gobernador de la provincia de Buenos Aires, en el marco de su primera asamblea legislativa al mando del distrito más grande del país, con qué se encontró después de cuatro años de gobierno de María Eugenia Vidal a nivel local y de Mauricio Macri como Presidente de la Argentina. Insistió en recuperar el “orgullo” de ser bonaerense: “Vinimos a reparar lo que está roto, a recuperar lo perdido y a poner la provincia en marcha“, resumió. Dejó para el final una aspiración para el distrito que gobierna: “Consideren la posibilidad de que Buenos Aires sea una provincia petrolera. Nuestro entramado tiene que ser parte de Vaca Muerta“, dijo.

Antes de que empezara a hablar, en el recinto ya estaban la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, el ex gobernador Daniel Scioli, el intendente de La Plata, Julio Garro, el de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde y el de La Matanza, Fernando Espinoza. El ministro de Seguridad de la provincia, Sergio Berni, estuvo muy sonriente durante toda la ceremonia y se lo vio conversar alegremente con el ministro de Interior, Eduardo de Pedro. “Wado” fue el  representante del Presidente en el evento. Mencionado reiteradas veces por el gobernador en su discurso, Alberto Fernández no asistió a La Plata.

Kicillof habló de la “situación de abandono” en la que estaba la provincia: la suba inconsulta de tarifas el 30 de octubre (que logró retrotraer por seis meses), la caída del diez por ciento de la industria en los 4 años de macrismo, el 63 por ciento de niños del conurbano que están bajo la línea de pobreza,  la caída del presupuesto en salud. De la pésima situación carcelaria, la deuda de 220 mil millones de pesos, los 1082 millones de pesos de deuda de gas y luz en las escuelas. Dl desguace de la flota sanitaria, los bancos de drogas vacíos y hasta de dos drones “que se compraron no sabemos para qué y ahora no aparecen”. Lo interesante es que no lo quiso personalizar: repitió una y otra vez la palabra neoliberalismo para señalar el origen del desastre.

Hubo propuestas y lineamientos de cara a los próximos cuatro años, pero tal vez menos concretos que los que planteó Alberto Fernández en la asamblea legislativa del 1ª de marzo. “Puede ser, sí, que hayamos sido menos propositivos que el Presidente, pero también creo que Axel encontró un tono emotivo con el que pretende generar una mística”, dijo a este diario una persona que conoce muy bien al gobernador y trabajó codo a codo con él en la campaña. Se refería a lo que podría denominarse La épica bonaerense. Kicillof habló todo el tiempo de recuperar el orgullo que conlleva ese gentilicio. Prometió de gobernar –como no hacía Vidal– desde La Plata, la capital de la provincia y propuso desterrar la idea instalada “de que la provincia es inviable porque como el corazón productivo de la Argentina”.

El gobernador anunció que va a revisar el cuadro tarifario (“si está mal hecho, habrá que hacerlo de nuevo”), que va a reestructurar la deuda en una negociación que, admitió, no va a ser fácil, pero en la que  advirtió que “no vamos a hacer lo que digan los diarios porteños”. Habló del programa Escuelas a la Obra, dijo que ya está trabajando para que no haya ningún establecimiento en el que los chicos y los trabajadores no estén “seguros” y se refirió a la “batería de políticas” para que el Estado deje de ser “enemigo” de las PyMEs. Se despidió con los objetivos para los cuatro años menos 82 días que tiene por delante: “Vinimos a reparar lo que está roto, a recuperar lo perdido y a poner la provincia en marcha”.

Tal vez no sea lo más importante de la pesada herencia de macrista, pero en un momento de su discurso, Axel Kicillof se dio cuenta de algo que faltaba en el inventario de la provincia. “Dejamos atrás la época en la que te decían que la salida era ponerte una cervecería artesanal aunque aclaro que no tengo nada contra la cerveza. Tampoco te recomiendan ser piloto de dron como salida laboral”. En ese momento, el gobernador contó que su antecesora María Vidal, que ayer brilló por su ausencia en el recinto, había comprado dos drones “no sabemos bien para qué”. El tema es que los drones no aparecen. Fue uno de los momentos más distendidos del discurso, porque el gobernador se puso optimista y desdramatizó el asunto: “Ya van a aparecer”, dijo. Sí se lo notó molesto cuando contó la situación de deterioro edilicio en la que encontró en la legislatura platense, que atribuyó “a que ellos no gobernaban acá”.

Kicillof habló de salud, de los hospitales, de lo que se encontró cuando asumió el cargo. “Hubo un abandonamiento” dijo, y enseguida se dio cuenta de que la palabra no era correcta. “Será un abandono del equipamiento hospitalario“, corrigió enseguida y se permitió reírse de propio error. Después, siguió hablando de neoliberalismo, tal vez una de las palabras más repetidas, de la necesidad de ser solidario y de todo lo que falta para que los bonaerenses estén bien. Pero empezó su discurso con una buena noticia: la exitosa temporada turística en Mar del Plata, que atribuyó a que la gente tiene menos incertidumbre económica.

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